Quiza haya algo de redención en la acción de Gracias. Habra al menos la posibilidad de redención. La habra, porque dar gracias implica un re-conocimiento de uno mismo y de su entorno, implica introspección, pero también dialogo. Requerirá, para que las gracias y las acciones que a esta acompañen sean verdaderas, detenerse, mirar alrededor, y ver con nuevos ojos aquello que de diario se toma por sentado. Una verdadera gratitud necesita de una buena dosis de realidad.
La gratitud, estará siempre a medio camino, entre la falsa ilusión de "merecimiento" y la de la total carencia de algo que agradecer. Quizá, la verdadera gratitud, aquella que puede dar la posibilidad de redención, sea aquella que deviene de cualquier de estos dos extremos. De la voz que aun pudiendo y teniendo todas las razones para pensar que aquello digno de ser agradecido, es también algo a lo que se tiene derecho, algo que se gano, algo que se merece, de esta voz que decida mirar un poco mas allá y pensar que quizá cualquier otro pudo también merecer sus dones, de la acción de gracias que esta profiera, oiremos quizá rastros de redención, de la voz que en contra de la corriente y el merecimiento personal, agradece. La gratitud de aquel a quien su realidad le proporciona de todas las razones para poder decir que no tiene nada que agradecer, y sin embargo encuentra, crea o descubre algo por que dar gracias y vivir agradecido, redime. No solo a esa voz o a ese hombre, nos redime a todos. Quizá porque encuentre o exponga una parte de la visión que nos permite a todos estar verdaderamente agradecidos. "Aprender, de quienes viven (y agradecen) a pesar de todo. "
En mi caso, agradezco haberme encontrado con una de estas voces hace algun tiempo, y aqui la comparto:
OTRO POEMA DE LOS DONES
Gracias quiero dar al divino
laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
por la razón, que no cesará de soñar
con un plano del laberinto,
por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
por el amor, que nos deja ver a los otros
como los ve la divinidad,
por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales,
por las místicas monedas de Angel Silesio,
por Schopenhauer,
acaso descifró el universo,
por el fulgor del fuego
que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
por la caoba, el cedro y el sándalo,
por el pan y la sal,
por el misterio de la rosa
que prodiga color y que no lo ve,
por ciertas vísperas y días de 1955,
por los duros troperos que en la llanura
arrean los animales y el alba,
por la mañana en Montevideo,
por el arte de la amistad,
por el último día de Sócrates,
por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
de una cruz a otra cruz,
por aquel sueño del Islam que abarco
mil noches y una noche,
por aquel otro sueño del infierno,
de la torre del fuego que purifica
y de las esferas gloriosas,
por Swedenborg,
que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
por los ríos secretos e inmemoriales
que convergen en mí,
por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbria,
por la espada y el arpa de los sajones,
por el mar, que es un desierto resplandeciente
y una cifra de cosas que no sabemos
y un epitafio de los vikings,
por la música verbal de Inglaterra,
por la música verbal de Alemania,
por el oro, que relumbra en los versos,
por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído: gesta Dei per Francos,
por Verlaine, inocente como los pájaros,
por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por las rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
por Séneca y Lucano, de Córdoba,
que antes del español escribieron
toda la literatura española,
por el geométrico y bizarro ajedrez,
por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
por el olvido, que anula o modifica el pasado,
por la costumbre,
que nos repite y nos confirma como un espejo,
por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
por la noche, su tiniebla y su astronomía,
por el valor y la felicidad de los otros,
por la patria, sentida en los jazmines
o en una vieja espada,
por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres,
por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
por morir tan despacio,
por los minutos que preceden al sueño,
por el sueño y la muerte,
esos dos tesoros ocultos,
por los íntimos dones que no enumero,
por la música, misteriosa forma del tiempo.
Jorge Luis Borges
En una de las muchas relecturas de este poema, me encontre a mi mismo pensando en algunos de esos dones que quizas por costumbre y habito he dado por sentados. Y aunque sobre decir que no son las palabras de Borges, son los dones que he tenido la gracia de encontrar y llamar mios:
por el Op. 132 de Beethoven
que me enseño como suena la ternura,
por las favelas del mundo con sus puertas y ventanas siempre abiertas,
y quienes las habitan, seres maravillosos con la manos llenas y la mirada clara,
por las insondables profundidades de los sueños
que se tienen en las obscuridades de la noche y su oportuno consejo,
por los lumínicos sueños diurnos y su utopía
por cierto nombre vasco y lo que ella significa,
por mis imprescindibles y su cercanía,
por la musicalidad de Kundera y el evangelio de Saramago,
por Abreu y ese sueño que nos vino a mostrar que tocar
puede ser también una forma de luchar,
por el demandante y grato juego de la conversión,
por ciertas palabras dichas por un amigo frente la tumba de mi padre,
por las manos que soban cuando la vida duele,
por las veredas ocultas y sus destinos,
por los viajes y los mundos propios y ajenos que nos muestran,
por el café y su aroma, con el que se confunde
un rito de amistad mil veces repetido,
por esas consolaciones que son la filosofía y la música,
por O'gorman y su Invención de América que nos mostraron que los mundos
además de descubrirse y conquistarse, pueden ser también inventados,
por los ideogramas de oriente y su escritura,
por la esperanza y sus infinitas variaciones,
por el derecho a las palabras incomprendidas y la alegria
de tener quien las comprenda,
por Carpentier, Stravinsky y las consagraciones que los unen,
tan llenas de ritos, danza fuerza y música como el solsticio,
por el gozo y aquella zarza que ardió sin consumirse.
Son palabras, no es mucho mas que eso, pero significado al fin. Quizas ahi empiece, al menos para mi espero, la posibilidad de redencion. Saber y reconocer los significados propios, y que tanto hay de los otros en ellos. Para aquellos que comprendan estas palabras, o mas a un que en ellas se reconozcan aludido, Gracias.
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